10/21/2004

Skype: llega el matagigantes

El P2P convierte la telefonía IP en la killer application de las

trasmisiones de voz. Nadie lo ha entendido mejor que Skype, que ya ha
conseguido llegar a un millón de suscriptores online en un solo
día.


Con más de 28 millones de usuarios de su software de telefonía
IP, la revolución está servida. Lo he podido comprobar ayer.
Uno de mis amigos americanos me pidió realizar nuestra conversación
utilizando Skype. Llevo experimentando con este producto más de
un par de meses y, por si me hacía falta alguna confirmación
más, la conversación de ayer con mi amigo fue definitiva.


Niklas Zennström, fundador de Kazaa, ya revolucionó y cambió
para siempre el mundo de la distribución musical. Recientemente,
he coincidido con él en el evento ETRE, y su discurso no ha podido
ser más definitivo. "Señores", ha dicho, "estamos
antes el mismo fenómeno que fue la aparición del PC. La
mayoría de las compañías informáticas establecidas
como líderes decidieron que se trataba de un fenómeno de
minorías, de un juguete en cierta manera, y se olvidaron del invento.
Ninguna de ellas ha sobrevivido. IBM y HP, sin embargo, abrazaron su aparición
y la utilizaron como revulsivo para cambiar su modelo de negocio. Ambas
empresas han prosperado de la forma que todos conocemos. Las telecos de
hoy están repitiendo, en su mayoría, el mismo error. Sólo
aquellas que cambien y abracen el fenómeno seguirán siendo
una marca conocida en unos pocos años”.


Lo que es más indicativo del éxito de Skype y de las expectativas
que ha levantado es que todo lo que se considera en Silicon Valley smart
money (los inversores que saben dónde se juegan sus cuartos y los
de sus clientes) está invertido en Skype. Nadie más convencido
que el propio gigante de los Venture Capitalist, Tim Draper, su mayor
mentor y defensor en ETRE, que con su fondo en ePlanet Ventures, lidera
el escogido grupo de VCs que han invertido ya en la primera ronda de Skype.


Por si fuera poco, Index Ventures, Besemer Venture Partners y Mangrove
VC completan un trío inversor de primer nivel como soporte a la
empresa.


Skype es, o por lo menos eso esperan todos sus inversores con su mesiánico
fundador a la cabeza, el próximo fenómeno de Internet, más
allá incluso que Google, porque su paso, a diferencia del caso
de éste, sólo se consolida con la ruina de un gran sector
que, como ya sucedió con el de la música, no va a conocer
nadie en cinco años.


Pero volvamos a mi experiencia concreta. Mi amigo americano, antes de
realizar la conexión me explicó que para que pudiéramos
hablar, era necesario contar con la presencia de un amigo suyo de Buenos
Aires. La conferencia entre Boston, Madrid y Buenos Aires duró
10 minutos, funcionó a la perfección y costó cero
euros.


Si las empresas tradicionales de telefonía siguen poniéndose
la venda en los ojos van a tener un despertar terrible, sobre todo porque,
según he podido comprobar por mí mismo, varios de sus empleados
usan ya Skype en sus PCs para comunicarse con amigos y extraños
en el mundo entero.


Iba a escribir que a Skype le faltan algunos aderezos para convertirse
en un fenómeno de masas, pero, la verdad, si 28 millones de potenciales
usuarios no forman ya una masa crítica espectacular, no sé
que hace falta. En cualquier caso, está claro que su orientación
principal al PC descarta a muchas personas como cliente potencial, pero
el sofware está a un paso de aliarse con quien le pueda dar lo
que le falta para convertirse en una teleco integral, sin más inversión
que el PC de al lado.


¿Y la ley? ¡Ah, la ley! Ni Niklas ni sus inversores están
demasiado preocupados. No va a ser sencillo legislar sobre el uso del
disco duro de cada PC del planeta.


Skype es la nueva demostración de que los modelos de negocio tradicionales
se ven agredidos en confrontación directa cuando un simple avance
tecnológico desbarata las ventajas competitivas de las empresas
que lideran un sector. Hoy, la capacidad de inversión y la infraestructura,
no son ya una barrera infranqueable.


Los bárbaros están a las puertas. Llega Skype.



por Rodolfo Carpintier